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Altruismo

Luego de trabajar un año y medio en la fundación [1] me daba cuenta que había algo que me faltaba, dinero. Trabajaba más de 10 horas por día, 4 días a la semana iba a la facultad, comía poco y mal, dormía muy pocas horas, y en ese momento fumaba.


Cada vez me convencía menos la idea de trabajar tantas horas por una cantidad de dinero ínfima, en condiciones tan desfavorables, sin proyección y sin muchas posibilidades de generar crecimiento.


¿Por qué dedicaba tanto tiempo a otros y tan poco tiempo a mi mismo?


Fue así que empecé a trabajar en una zapatillería cerca de la fundación, por la simple razón de que tenía por esa vía la posibilidad de generar más ingresos de dinero, y me gustaba la dinámica de aprender a vender productos. Un año trabajé en ese lugar y creo que lo que más recuerdo son el mate dulce, en mate de loza, los tiempos muertos sin clientes, conocer todos los productos de segundas marcas, y en las fiestas en diciembre, el cambio rotundo donde literalmente explotaba el lugar.


En el interín, cuando llegué a los dos años de trabajar en la fundación, decidí cambiar de trabajo. Lo que más me llevé de ese lugar fue el cariño y las palabras de los jóvenes con los que compartía todos los días, la certeza de que había aprendido que podía lograr muchas cosas que me parecían imposibles de lograr, como coordinar talleres y ser responsable de un grupo de jóvenes.


Muchos, muchos años después, entendí que ese altruismo desde el que yo había “decidido” dedicarle todo mi tiempo y energía a otras personas, no era más que otra forma de narcisismo. 


“El Altruismo es una forma, socialmente aceptable, del narcisismo”[2]

Freud lo dice claro, pero una cosa es leerlo y otra es verlo reflejado prístinamente en lo que hice durante años. Por más buenas intenciones que tengamos y por más ayudas que queramos brindar, ¿Quién creemos que somos cuando pensamos que podemos decidir qué es lo que necesita otra persona, o con qué la otra persona puede resolver tal o cuál problema o necesidad? Puede sonar muy fuerte la pregunta, pero más fuerte es no hacernos esa pregunta.


Narcisista también es quién cree que puede cambiar la vida de otros según lo que cree que es mejor para ese otro, o peor aún, que tiene el derecho y la obligación de hacerlo, por su historia, por su cultura, por su profesión, por su religión, o lo que sea. 


No puedes cambiar al otro, ni aunque quieras, ni aunque pongas todos tus esfuerzos en ello.


También aprendí que la palabra misma, “necesitado”, esconde a la vista de todos un doble sentido. ¿Necesitado es el que necesita o al que necesitan? El que necesita y al que necesitan no son más que roles, que cambian, se repiten, rebotan de un polo a otro, y que están en función de sostener la creencia de que alguien puede resolverle las necesidades a otro, y claramente si alguien necesitó de otro para resolver algo, ninguno de los dos resolvió la cuestión, sino que ambos están atados a la no resolución de ese problema. 


Se resignifica entonces lo que simboliza ayudar, por que entonces la ayuda no consiste en que le des al otro lo que necesita, y tampoco se limita a la frase de sobre de azúcar de “enseñar a pescar en vez de dar el pez”, sino a que en cada situación te toca a vos, a cada quien, evaluar con qué, por qué y para qué ayudar, entendiendo que esa ayuda no es hacia el otro, sino que es también lo que vos decidís hacer hacia vos mismo, con la responsabilidad y el compromiso que esa ayuda conlleva.


“Basta con una ojeada para ver que siempre que uno los encuentra, esos saberes, el haberse curtido el pellejo para adquirirlos, queda en nada. No se importa, ni se exporta. No hay información que valga, sino de la medida de un formado por el uso”[3]

Esta frase tan contundente de Lacan, que retoma lo relatado en el escrito Saber[4], nos dice también que incluso eso que creemos haber aprendido y que ya sabemos, por que nos curtió el cuero, por que nos hizo sudar lágrimas y sangre, no cambia algo si no usamos eso que sabemos y aprendimos.



***Juan Ignacio Costoya***


 

[1] Leer escritos “Contingencias” y “Oferta y Demanda”

[2] El Viaje Iniciático, Editorial De los Cuatro Vientos, El Viaje Iniciático

[3] Lacan, AUN Seminario 20. Editorial PAIDOS, Pag. 118

[4] Leer escrito “Saber”

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